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Consejos para comunicarte con un adolescente

Llegó la adolescencia a tu hijo y seguramente la comunicación entre ustedes ya no es la misma, desconoces sus actitudes y te es difícil mantener una conversación sin discutir, ¡tranquilo!, solo es una etapa.

Sigue estas sencillas ideas para conectar con tu hijo adolescente y que fortalezcan su relación:

  1. Escucha activa: Muestra interés en lo que tu adolescente te comparte, deja por un momento lo que estás haciendo y míralo, muéstrate receptivo. Recuerda que en esta etapa es normal que deseen compartir más cosas con sus amigos y amigas que con sus padres, por eso es importante poner total atención cuando quiera compartir algo contigo.
  2. Guía y administra: Los adolescentes no siempre esperan nuestra experta opinión, ya que para ellos nuestros consejos pueden parecer “imposiciones” que no quieren asumir. Por ello, cuando tu hijo o hija comparta contigo sus dudas, utiliza frases que le lleven a construir sus propias reflexiones y soluciones. Si buscas resolver sus problemas no facilitarás que aprenda a desarrollar su sentido común para tomar decisiones. Recuerda que tu papel es guiar más que aconsejar.
  3. Mantén el control de tus propias emociones: Sin importar lo molesta que sea la situación que te comparta, actúa con madurez emocional, ello modelará actitudes de asertividad, resiliencia y serenidad ante cualquier circunstancia. Haz preguntas que te permitan entender la opinión de tu adolescente y plantea las acciones que puede llevar a cabo para prevenir y evitar en el futuro situaciones similares. Pregúntale sobre las consecuencias que pudo traer su conducta o la de sus amigos o amigas y qué otras maneras de atender ese tipo de situación se le ocurren. Recuerda que tu papel es guiar, modelar y facilitar, no entrar en pánico.
  4. Ahórrate juicios: No hagas comentarios negativos sobre las personas que son importantes para tu adolescente, esto solo logrará alejarlo de ti. Es mejor que construyan ejemplos con base en otras personas y analicen las repercusiones que las malas actitudes y decisiones pueden generar. Encuentren en conjunto, qué hace que tu hijo o hija se relacione con esas personas que no están tomando decisiones correctas y cómo ello le afectará en el presente y futuro.
  5. Tengan una cita: Invita a tu hijo o hija a su lugar favorito, hagan cosas que le gustan y en un ambiente de neutralidad aprovecha el tiempo para hablar de lo que le preocupa, le interesa, le atrae, etc. Establece una cierta frecuencia para realizar esta actividad, esto fortalecerá su lazo.
  6. Conoce su mundo: Investiga sobre las cosas que le gustan, los juegos, películas, actividades que disfruta. Lee al respecto y entabla una plática casual con él o ella abriendo la comunicación con eso que investigaste. Tu hijo o hija encontrará un punto de conexión contigo que lo llevará a conectar aún más.
  7. Comparte tus experiencias: No hay nada que le guste más a un adolescente que le hables sobre lo que tú experimentaste cuando tenías su edad. Les hace recordar que tú también estuviste en su lugar, que no eres ajeno a sus emociones, sentimientos y experiencias, aunque hoy tu rol sea distinto. No tengas temor de ponerte como ejemplo.
  8. Demuestra gratitud: Agradecer lo que recibes es una de las claves para poder recibir más. Cuando tu adolescente se permita tener una conversación contigo sobre cualquier tema, agradece que se hayan tomado el tiempo y la confianza para ello. Esto ayudará a fortalecerás el vínculo y las conversaciones irán en aumento.

Adolescente en casa: cómo comunicarnos

Te ha pasado que le preguntas ¿cómo te fue en la escuela? y sólo dice: “bien”.  Hablas por horas intentando transmitir un concepto y sólo logras una mueca que no sabes cómo interpretar. Intentas hablar su idioma y “ser su amigo (a)” y tampoco parece funcionar; tienes un adolescente en casa ¿cierto?

Hablemos de alternativas para comunicarnos con ellos y cómo apoyarlos en la identificación y reconocimiento de sus emociones.

La adolescencia es una etapa de desarrollo en la que, particularmente, se tiene dificultad para manejar con madurez las emociones. En este período, resulta complejo identificar cuál es la emoción que predomina y cómo gestionarla. Cuando logramos llevar a cabo esa difícil tarea es porque estamos desarrollando nuestro coeficiente emocional.

Ser emocionalmente inteligente consiste en comprender y manejar nuestras propias emociones, así como  las de quienes nos rodean poniendo todo al servicio de tres aspectos: percibir, comprender y regular. Esos tres aspectos facilitan:

  1. Poner una etiqueta verbal a lo que sentimos: enojo, alegría, asombro, desagrado, etcétera.
  2. Integrar las emociones a nuestros pensamientos.
  3. Manejar eficazmente nuestras emociones tanto positivas como negativas.

Se lee sencillo, pero para lograrlo se requiere de un entrenamiento continuo y constante llamado educación emocional.

¡Sí!, las emociones también necesitan ser educadas. En la medida que, un adolescente logra, de manera eficiente, gestionar los tres elementos antes mencionados, logra aumentar su autoestima, tener mayor confianza en sí mismo, percatarse de que los sentimientos y las emociones están ligados a la acción, resolver sus conflictos, ser empáticos y reconocer sus errores, ¿notas la importancia de educar las emociones?

La buena noticia es que, la inteligencia emocional comienza su desarrollo en la niñez, pero es en la adolescencia el mejor momento para desarrollarla y perfeccionarla. La mejor manera de empezar es permitiendo  que los y las adolescentes experimenten y sientan esas emociones que los invaden, hacer que las repriman  no facilitará el proceso, sino al contrario, lo retrasará. Lo importante aquí es guiarles hacia la comprensión de la emoción.

Si un adolescente se siente “frustrado” habrá que ayudarle a descubrir la razón de esa frustración y las herramientas que requiere para no permitir que esa emoción domine su vida.

Maestros, padres y adultos en general, somos modelos emocionales para los adolescentes, mostrar una actitud positiva ante cada circunstancia genera adolescentes positivos y esperanzados. Debemos ayudarlos a detectar la emoción atrás de sus actos, debemos enseñarles a ampliar su vocabulario, a no sólo decir “triste” sino a describir todo lo que sienten cuando están “tristes”.  Debemos llevarlos  a entender que actúan lo que piensan, por lo tanto, los pensamientos que generen necesitan ser positivos.

Una forma de poder conectar con sus emociones es escribiendo un “diario emocional” ya que le ayudará a identificarlas, representarlas, comprenderlas y que así pueda  experimentar en el perfeccionamiento de su regulación.

U otórgales la fórmula: “Me siento ‘X’ cuando haces ‘Y’ en la situación ‘Z’.” Esto les ayudará a expresar sus sentimientos y emociones de modo asertivo, recuerda: “la práctica hace al maestro”.

 

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