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Adolescente en casa: cómo comunicarnos

Te ha pasado que le preguntas ¿cómo te fue en la escuela? y sólo dice: “bien”.  Hablas por horas intentando transmitir un concepto y sólo logras una mueca que no sabes cómo interpretar. Intentas hablar su idioma y “ser su amigo (a)” y tampoco parece funcionar; tienes un adolescente en casa ¿cierto?

Hablemos de alternativas para comunicarnos con ellos y cómo apoyarlos en la identificación y reconocimiento de sus emociones.

La adolescencia es una etapa de desarrollo en la que, particularmente, se tiene dificultad para manejar con madurez las emociones. En este período, resulta complejo identificar cuál es la emoción que predomina y cómo gestionarla. Cuando logramos llevar a cabo esa difícil tarea es porque estamos desarrollando nuestro coeficiente emocional.

Ser emocionalmente inteligente consiste en comprender y manejar nuestras propias emociones, así como  las de quienes nos rodean poniendo todo al servicio de tres aspectos: percibir, comprender y regular. Esos tres aspectos facilitan:

  1. Poner una etiqueta verbal a lo que sentimos: enojo, alegría, asombro, desagrado, etcétera.
  2. Integrar las emociones a nuestros pensamientos.
  3. Manejar eficazmente nuestras emociones tanto positivas como negativas.

Se lee sencillo, pero para lograrlo se requiere de un entrenamiento continuo y constante llamado educación emocional.

¡Sí!, las emociones también necesitan ser educadas. En la medida que, un adolescente logra, de manera eficiente, gestionar los tres elementos antes mencionados, logra aumentar su autoestima, tener mayor confianza en sí mismo, percatarse de que los sentimientos y las emociones están ligados a la acción, resolver sus conflictos, ser empáticos y reconocer sus errores, ¿notas la importancia de educar las emociones?

La buena noticia es que, la inteligencia emocional comienza su desarrollo en la niñez, pero es en la adolescencia el mejor momento para desarrollarla y perfeccionarla. La mejor manera de empezar es permitiendo  que los y las adolescentes experimenten y sientan esas emociones que los invaden, hacer que las repriman  no facilitará el proceso, sino al contrario, lo retrasará. Lo importante aquí es guiarles hacia la comprensión de la emoción.

Si un adolescente se siente “frustrado” habrá que ayudarle a descubrir la razón de esa frustración y las herramientas que requiere para no permitir que esa emoción domine su vida.

Maestros, padres y adultos en general, somos modelos emocionales para los adolescentes, mostrar una actitud positiva ante cada circunstancia genera adolescentes positivos y esperanzados. Debemos ayudarlos a detectar la emoción atrás de sus actos, debemos enseñarles a ampliar su vocabulario, a no sólo decir “triste” sino a describir todo lo que sienten cuando están “tristes”.  Debemos llevarlos  a entender que actúan lo que piensan, por lo tanto, los pensamientos que generen necesitan ser positivos.

Una forma de poder conectar con sus emociones es escribiendo un “diario emocional” ya que le ayudará a identificarlas, representarlas, comprenderlas y que así pueda  experimentar en el perfeccionamiento de su regulación.

U otórgales la fórmula: “Me siento ‘X’ cuando haces ‘Y’ en la situación ‘Z’.” Esto les ayudará a expresar sus sentimientos y emociones de modo asertivo, recuerda: “la práctica hace al maestro”.

 

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